Intensa-mente: ¡Bienvenida la Tristeza!

Me encanta cuando voy al cine con mis hijos y la película me sorprende para bien con un excelente mensaje y un profundo sentimiento de esperanza en mi corazón. Esperanza de que las cosas están cambiando, de que ese mundo que anhelo y que precisamente parece sacado de un cuento de hadas, puede llegar a ser realidad si continuamos educando en esa dirección.

Veo los cambios… sutilmente, poco a poco… cada vez se habla más de Mindfulness, de los beneficios de la meditación y de cómo lograr la paz a través del conocimiento de nuestro mundo interior. Porque eso es el mindfulness, es estar plenamente presente a lo que sucede dentro de mí mientras mi vida se desenvuelve- a veces suave como el correr de un arroyo y a veces tempestuosa como una tormenta- ante mis ojos.

Y de esto es un poco, o un mucho, de lo que se trata Intensa-mente. La película se desarrolla en su mayor parte en el interior de una niña de 11 años, donde 5 emociones básicas conviven, reciben estímulos del exterior y actúan, cada cual de acuerdo a lo que es, dominando a veces unas y en veces otras. Dentro de Riley, la protagonista de la película, viven Alegría, Tristeza, Enojo, Asco y Miedo. Mientras Alegría es alta, esbelta, atractiva y segura de sí misma, Enojo es rojo, bajito, cuadrado-muy cuadrado- y su cabeza se enciende cuando entra en acción. Miedo es flaquirucho y vulnerable de un color lila pálido y obvio, se asusta con cualquier cosa. Asco está representado por una señorita verde bien vestida y algo snob y Tristeza es como era de suponerse, azul, bajita, rechoncha e insegura.

La película nos muestra un modelo que creo se apega bastante a la realidad sobre como procesamos los eventos de nuestras vidas, como reaccionamos y cómo vamos creando nuestras memorias. Las memorias en la película son unas bellas perlas que adquieren el tono de su recuerdo, así si una memoria es triste tendrá un tono azul, si es una memoria asquerosa tendrá un tono verde y así sucesivamente. Pero eso no es todo, existen las memorias fundamentales que son el pilar para hacer de cada persona quien es, única e irrepetible. Las memorias a largo plazo se almacenan en anaqueles interminables y una vez que pierden valor son aspiradas por el departamento de mantenimiento, quienes después las echan al olvido. Esto entre muchas otras cosas divertidas y sorprendentes como pudiera ser la presencia de un amigo imaginario.

En esta historia, dentro de Riley, una niña que vive feliz con sus papás hasta que se mudan a otra ciudad y entonces empiezan a cambiar las cosas, nos muestran a una Alegría más bien dominante. Parece que su trabajo inagotable es encontrar un motivo para que Riley este alegre aun en el peor de los casos. Esta Alegría es tan eficiente que la mayoría de las veces lo logra. Las otras emociones confían en ella y le ceden el lugar para que ella arregle cualquier situación inesperada. A tal grado llega la cosa que Alegría cuando hay tensión entre los papás de Riley, logra hacer que Riley ponga una nota alegre que disuelva la tensión.

Todo gira y marcha de maravilla mientras Alegría tiene el control. De pronto algo sucede que cuando Tristeza toca una memoria esta se torna azul aun cuando hubiera sido una memoria feliz en un inicio. Alegría intenta mantener a Tristeza al margen, incluso alienarla un poco para poder ella continuar salvando cada situación y que todos estén precisamente alegres, pero algo sucede que hace que las cosas se salgan de control y es ahí donde inicia una aventura donde Alegría y Tristeza se ven forzadas a convivir más de cerca y más a fondo.

Y bueno, no pretendo contar toda la trama. Pero entonces, ¿Qué es lo que hace que esta película sea especial? He leído ya algunas notas sobre la película. Algunas hablan de lo bien que pinta el inicio de la adolescencia con todas las emociones a flor de piel. Otra habla sobre como tiene un tinte feminista y otra aun sobre como en esta película no hay un villano a quien vencer. Creo en su mayoría las notas hablan sobre lo que la película puede transmitir u ofrecer a los niños. Sin embargo, a mí me parece que es una película cargada de mensajes para los adultos también.

El tema central – para mí – gira alrededor de es esa idea que se nos vende cultural y socialmente de que la felicidad es un estado en el cual DEBERIAMOS estar 24/7. De cómo se nos educa a favorecer ciertas emociones y a reprimir otras. De cómo quisiéramos reprimirlas tanto que incluso nos gustaría desaparecerlas, especialmente en este caso la Tristeza. Hacemos TODO por evitarla y no entrar en contacto con ella. Unos hacen ejercicio, otros trabajan sin parar, otros duermen como si no hubiera mañana, algunos comen y algunos se drogan… entre otras cosas con tal de no tener contacto con esa pequeña emoción azul, rechoncha y tímida que es la Tristeza.

Y es así a través de este concepto de felicidad 24/7 que vamos alienando algunas de nuestras emociones a tal grado que cuando nos ponemos en contacto con ellas es un caos o cuando las vemos en los demás no sabemos cómo comportarnos. Seguiré con la Tristeza. Cuando estamos tristes no tardan en llegar los consejos sobre cómo deshacernos de nuestra tristeza o sobre lo que deberíamos de hacer para poderle ver el lado “positivo” a las cosas.

Por otro lado si somos nosotros quienes estamos presenciando a una persona que esta triste, muchas veces nos sentimos incomodos y no sabemos cómo actuar o que decir… cuando muchas veces la persona que esta triste no necesita nada más que se le permita expresar su tristeza en un espacio amoroso y seguro, donde no será juzgada por estar triste, donde no se le dirá como salir rápidamente de ella.

Y este es para mí, sin duda, el mensaje más importante de la película… Cuando Alegría descubre que Tristeza es tan importante como ella y que ayuda a resolver las cosas de otra manera. O sea, ¡Tristeza no es mala y tiene su razón de ser! Esto sucede cuando Alegría gira una memoria como si fuera un iPod y descubre que si SE VIVE la Tristeza, al otro lado esta ella, la Alegría. Porque realmente son las dos caras de una misma moneda… no podemos tener la una sin la otra… sin embargo nos empecinamos en querer tener solo Alegría.

Me encanta que esta película desmitifica que hay partes de nosotros que son buenas o malas. Todas estas partes son importantes y todas tienen una razón de ser. Y si bien pareciera que soy una defensora sin remedio de la Tristeza y que me gustaría ver puros rostros azules el día de mañana, me gustaría aclarar que no es así.

Estar triste no es fácil, ni cómodo, ni bonito… por eso le sacamos la vuelta. Sin embargo la Tristeza existe dentro de nosotros. A veces sabemos porque, a veces estamos tristes sin motivo. ¿Qué pasaría si la próxima vez que estemos tristes nos damos la oportunidad de estar con nuestra tristeza, de abrazarla como si fuera un niño de brazos, de escucharla como si fuera un gran maestro, de sentirla y de vivirla sin tratar de reprimirla o pretender que no existe distrayéndonos con alguna otra actividad?

Y lo mismo con el Enojo, con el Asco y con el Miedo… saber que todas estas emociones no son ni buenas ni malas, sino más bien son mensajeros que quieren ayudarnos a saber que hay algo que necesita nuestra atención en nuestro mundo interior.

¡Me parece maravilloso que se les presente toda esta información a los niños! Buenísimo que se conozcan y que sepan que no tienen que estar felices todo el tiempo y que estar triste no es necesariamente malo.

Pero igual de importante me parece que muchos adultos nos reconciliemos con nuestras emociones… que dejemos de huir de aquellas que no nos gustan o que consideramos “indeseables”… que le demos una oportunidad a la Tristeza, que veamos cual es el motivo detrás de nuestro Enojo… que escuchemos a nuestro Miedo.

Que nos demos cuenta cual es nuestra emoción dominante… Por ejemplo en el caso de Riley, su Alegría era tan dominante que se sentía responsable ¡incluso de la alegría de los papás de Riley! ¿Cuántas veces no hacemos eso? ¿Cuántas veces no asumimos responsabilidades que no nos corresponden como la felicidad de los demás? O bien… si la Tristeza nos domina y ¿no solo estamos tristes por nuestros asuntos sino por los del mundo entero?

Intensa-mente es una bella película infantil con un mensaje para todas las edades. La información sobre como conocer mejor nuestro mundo interior abunda y se presenta de diferentes maneras… de ti depende si la quieres escuchar.Pixar Post - Inside Out characters closeup

Yes…I scuba dived!

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Since I was a little girl, I would enjoy the shows featuring the magnificent submarine world. I always thought “One of these days I will scuba dive.” This was until someone told me how complicated and dangerous it could be and my Fearful Self decided to scratch it off my list. I figured that watching it on TV and snorkeling would do it.

Two months ago, I had the opportunity of visiting a place of grand beauty with all my family: Akumal, Quintana Roo, also known as “Land of Turtles.” Snorkeling in this place is amazing because our hotel- Akumal Beach Resort – has a coral reef right in front of it, so when you snorkel you can see sea turtles, rays, corals and colorful fish.

I was really having a wonderful time watching all this when my brother Miguel said:

-Would you like to go scuba diving? You can go to an introductory class that allows you to go down and figure out whether you like it or not.

Right away I remembered all the dangers and possible complications… what can happen if you go down too fast, if your ears hurt, if your lungs explode… BUT I was seeing such beautiful creatures while snorkeling that my Not-So-Fearful-Self said: Why not? And with that, it was decided, I would take the class the next day.

The introductory class, a 20 minute video and some more minutes of practice, ended up being a bold review of all my fears. Basically they explain what to do if your oxygen mask is removed by accident under the water and how to get water out of your mask. In my previous snorkeling experiences I had swallowed enough salt water that just to think that the same thing could happen to me under the water and that I had to solve it right there gave me a stomach ache.

Practicing in the water only made things worse. To begin with I had to get into a long wet suit, standing on my bathing suit in the middle of a group of people that were either helping me or looking at me. I think that almost any woman over 40 understands perfectly how embarrassing this was! Once I was ready with all my equipment- that is sooo heavy- we walked into the sea until the water reached my shoulders. That day it was windy and the water was a little bit turbid. And… practice, practice, practice!

Basically I had to repeat what I saw in the video. Putting on your oxygen after losing it, and getting the water out of your mask under the water. To be able to do this, I had to kneel so that the water would cover my head. Then I had to take off my oxygen, let it go, and recuperate it. I have to admit that I have been thinking a lot about this particular exercise. I was TERRIFIED of taking off my oxygen, which is kind of ridiculous since all I had to do to get out was to stand up. Even if my mind was clear that there was no danger at all, my body would not take off the oxygen. It was then that I started to think about fear and how it paralyzes me.

Alejandro, the Italian instructor, was VERY patient with me. I would not take off my oxygen, we would come up, he would tell me what I was supposed to do again, I would tell him that I understood but just couldn’t do it.

Then I listened a tiny voice inside of my head: “Realize that this is a fear you chose. You don’t have to go through it, you can quit anytime.” From that moment this became my mantra: youcanquitanytime-youcanquitanytime… and once I was comfortable with this I started following Alejandro’s instructions little by little. I had the first exercise down and now I had to practice getting the water out of my mask under the water.

First trial and all the water went through my nose. I realized that this was THE minute to quit. I have to add that I didn’t mention the red and grey buttons to inflate or deflate a vest and float or sink as desired. Plus the fact that underwater you can’t speak and have to rely on hand signals. So watching the oxygen, the mask, the red button, the grey button plus the instructor’s signals seemed overwhelming! I could never guess if the red button was to inflate or deflate and this really made me nervous. A little bit tired of not having fun at all I said:

-Thank you Alejandro, I am done!

-What? You haven’t even started! How can you know if you like it or not?

Oh God! On top of everything he wouldn’t let me go! Ok, so I decided to keep going knowing that if I really wanted to quit I could do it anytime. I finished the training and I was able to execute everything I was supposed to, but I could never figure the red/grey buttons. We came back to the beach where Miguel was waiting for us to go scuba diving. When we got there they told us that because of the wind we could not go scuba diving that day. (There was a loud YESSSSS!!!!!! Inside my head), this said, I was free, I would not have to go back and scuba dive.

Alejandro apologized for the weather and told us to come back the following day. I though “no way” but thanked him for his patience. I also thanked Miguel for inviting me and explained to him that scuba diving was not my thing and that I didn’t want to go back the next day. Calmly he said:

-WHAAAAAAAAT? YOU DID THE MOST DIFFICULT PART ALREADY AND NOW YOU ARE NOT GOING TO SCUBA DIVE?

We went back to the hotel, I forgot the whole thing and went back into enjoying my vacation. Scuba diving was again off my list and I was glad.

The next time I went snorkeling I saw so many beautiful things that I told myself I HAD to scuba dive. I told Miguel, he told Alex and we were set for the next day. This time I was wiser with my wet suit election and chose a short one. No hassle, no trouble, no shame. However I was still as afraid as the first day if not more. I almost had to drag myself step by step, making Miguel impatient by telling him a zillion times that I didn’t know if I should do it or not. However I followed through the motions, got my equipment and got in the boat.

When it was time to jump off the boat I was still trying to figure out if I could do it or not. I was all fear. I was afraid of having an anxiety attack underwater and rushing up to the surface as you are not supposed to do!

So I jumped. Once in the water Alejandro told me the plan… we would submerge slowly, holding onto a rope. He would ask (with signals of course!) if I was ok, I would decompress my ears and we would go down a little further.

I could only do this once and then like a cat that falls into the water I was up in the surface! I breathed like if it was my last breath. Alejandro with no more patience in his eyes asked me what was wrong and I simply said: “I can’t, I am afraid.”

Breathing for patience, him, and for courage, me, he said: “We will try one more time, you are going to look at me in the eyes and you are going to breathe.” He didn’t give me a choice. Even though I know that if I really wanted out that was my last chance.

We went down again. Slowly, looking into his eyes, thanking God for this man’s patience. He would check on me and we would go further down.

I am not going to say that my fear disappeared instantly. I would not let go of my oxygen or my mask. In the healing work of Paul Ferrini that I have been practicing, he invites you to BE with your fear, instead of denying it, avoiding it, or looking for its positive side. So I practiced being with my fear compassionately, breathing into my heart, becoming aware of that safe place where I know that everything is all right.

I started relaxing as I centered in my breathing and as I started to enjoy the beauty of the submarine world. There is no need to say that the experience was worth all my fears. It would be unrealistic to try to describe with words my experience, but I will give it a try.

Scuba diving was for me like a moving meditation. When you are under the water there is a different rhythm, slower, gentler. Visually you start noticing the wonders of this world, with its own rhythm… giving you time to enjoy every image.

Your own movements are different, subtler, paused and more harmonious. And as far as your audio experience, it is just amazing! The only thing you can hear is your own breathing. Scuba diving is in way a “mindfulness” practice where you are aware of every breath, every image and every movement. When you scuba dive you live in the here and now. It is just an extraordinary experience!

And just as I was enjoying every second it was time to go back to the surface. I lost track of time, but I was told that we were under the water for 42 minutes. 42 magical and wonderful minutes! I will be forever thankful to Alejandro for pushing my limits a little bit. And thanks to Miguel, my dear brother, who invited, motivated and accompanied me, and brought scuba diving back into my list!

I am also thankful for the lesson… What if these optional fears- the ones you can just quit- are life’s opportunity to practice how to go through your fears? Being with my fear was the key to go through it and overcome it. I hope that this practice, that I decided to do, will make it easier for me when I am faced with a real, inevitable fear. Thanks for reading!

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Y si… ¡Buceé!

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Desde que era niña y veía en la tele los programas donde salían buzos disfrutando el increíble mundo submarino, siempre pensé: “Algún día bucearé.” Esto es, hasta que alguien en alguna ocasión me dijo todo lo complicado y peligroso que era, y mi Yo miedosa decidió tachar la buceada de la lista. Pensé que con verlo en la tele y hacer snorkel tendría suficiente.

Hace dos meses tuve la oportunidad de estar en un lugar hermoso con toda mi familia: Akumal, Quintana Roo, conocido como “lugar de las tortugas.” El buceo superficial o snorkel resulto ser increíble ya que el lugar donde nos quedamos (Akumal Beach Resort) tiene un arrecife de coral justo frente a su playa y uno puede salir a hacer snorkel y ver tortugas, mantarrayas, corales y peces hermosos.

En verdad yo estaba completamente maravillada con todo lo que estaba viendo y en eso me dice Miguel mi hermano:

-¿Quieres ir a bucear? Te dan una clase con lo mínimo indispensable para que tengas una primera experiencia y ya si te gusta pues después te certificas.

En automático me acordé de todos los peligros y complicaciones… que si bajas muy rápido, que si se te truenan los oídos etc… PERO estaba viendo cosas tan bonitas que mi Yo no-tan-miedosa dijo “¿Por qué no?” y con eso quedo decidido todo, iría a tomar mi clase al día siguiente.

La clasecita que fue un video de 20 minutos y una práctica de otros tantos minutos resulto ser un repaso detallado de todos mis miedos. Básicamente te explican que hacer si se te desprende la máscara de oxígeno, y como sacar el agua de tu visor debajo del agua. En los días previos de snorkel ya había yo tragado bastantita agua salada, entonces nada más de pensar que abajo del agua me podía pasar lo mismo que arriba con el snorkel me empezó a doler el estómago.

Con la práctica en el mar, la cosa fue de mal en peor. Para empezar tuve que meterme en un traje de buzo completo, parada en traje de baño, rodeada por un círculo de personas, entre los que me estaban ayudando y los que pasaban por el lugar. Creo que casi cualquier mujer mayor de 40 años entiende perfecto esta situación, tuve que tragar bolitas y pretender que todo estaba perfectamente bien y no me daba nada de pena. Ya una vez con el equipo que pesa un buen, caminamos hacia el mar y nos metimos hasta que el agua me llegaba a los hombros. Ese día hacia algo de viento y el agua del mar estaba un poco rebotada. Y… ¡a practicar se ha dicho!

Los ejercicios básicamente eran repetir lo que ya habíamos visto en el video. Recuperar el oxígeno y sacar el agua del visor abajo del agua. Para poderlos realizar era necesario ponerse de rodillas para que el agua me cubriera la cabeza. Paso siguiente era retirarme yo misma el oxígeno, dejarlo flotar y recuperarlo. Tengo que admitir que he reflexionado mucho sobre este ejercicio en particular ya que me daba un miedo horrible retirarme el oxígeno, lo cual es un poco absurdo porque lo único que tenía que hacer para salir a la superficie era pararme. Y aunque en mi mente me quedaba muy claro que no había peligro, que solo me paraba y podía respirar normalmente, mi cuerpo se negaba a retirar el oxígeno bajo el agua. Fue entonces que empecé a pensar en los miedos y en cómo estos nos paralizan.

El maestro, un hombre italiano de nombre Alejandro, me tuvo tooooooda la paciencia del mundo. Yo no me retiraba el oxígeno, salíamos a la superficie, me explicaba de nuevo lo que tenía que hacer, yo le explicaba que si entendía pero que simplemente no podía.

Entonces de pronto escuche una voz en mi mente que decía: “Date cuenta que este es un miedo que tu elegiste, no es necesario atravesarlo, puedes renunciar a él en cualquier momento.” A partir de ese instante, ese se volvió mi mantra: puedesrenunciarencualquiermomento-puedesrenunciarencualquiermomento… Y al estar segura de esto, pude empezar a seguir las instrucciones de Alejandro. Dominé el primer ejercicio y era hora de practicar llenar de agua el visor para luego sacársela bajo el agua.

En el primer intento me entro toda el agua por la nariz y decidí que ESE era el momento de renunciar. Para esto omití contar sobre los botoncitos rojo y gris para inflar o desinflar un chaleco y así flotar o hundirse según se desee. Así como el hecho de que cuando uno está bajo el agua no puede hablar y todo es a través de señas que haces con el instructor. Entonces, estar pendiente del oxígeno, del visor, del botoncito gris y del rojo así como de seguir las señas, de momento me pareció demasiado. Nunca me acordaba cual era la seña de inflar y cual la de desinflar y esto me ponía muy nerviosa. Un poco fastidiada por mi experiencia cero placentera le dije a Alejandro:

-Hasta aquí llegué, ¡Gracias!

-Pero… ¡Cómo! Si todavía no haces nada, todavía no puedes saber si te gusta o no.

Oh Dios, aparte necio el hombre. Ok, decidí seguir con la seguridad de que si REALMENTE me quería ir lo podía hacer en cualquier momento. Termine la práctica, me salieron bien todos los ejercicios pero nunca pude memorizar cual era la señal de botoncito rojo y cual la de botoncito gris. Regresamos a la playa donde me esperaba Miguel mi hermano para acto seguido subirnos en una lancha e ir a bucear. En lo que salimos nos dijeron que como hacia viento no se podía salir a bucear ese día… (Hubo un mega grito de ¡Yessss! en mi interior), con esto, quedaba liberada… no tenía que ir a bucear más.

Alejandro se disculpó y nos dijo que regresáramos al siguiente día. Para mis adentros pensé “ni loca” pero le di las gracias por toda su paciencia y me fui. Le agradecí a Miguel su invitación y le dije que la buceada no era lo mío, que no quería regresar. Él, con su habitual manera calmada me dijo: “¿QUEEEEEE? ¿YA HICISTE LO MÁS DIFÍCIL Y NO VAS A BUCEAAAAAAR?” Regrese al hotel y me olvide del numerito. Bucear volvía a desaparecer de mi lista y con eso, me quede muy tranquila.

La siguiente vez que salí a hacer snorkel vi cosas tan bonitas que me convencí a mí misma de que debía ir a bucear. Le dije a Miguel y quedamos con Alejandro para el siguiente día. Esta vez fui más lista con mi elección de traje de buzo, solo hasta las rodillas, me lo puse de volada, ¡cero vergüenzas! Pero la verdad de las cosas es que tenía TANTO miedo como el primer día, si no es que más. Iba casi a rastras, esforzándome por dar cada paso e impacientando a Miguel por decirle N veces que no estaba segura de si quería bucear o no. Pero seguía con todo el procedimiento, me dejé poner el equipo, caminé al mar y me subí a la lancha.

Cuando llegó la hora de aventarse para atrás desde la orilla de la lancha, yo todavía estaba debatiéndome entre si me atrevía o no. La verdad estaba muerta de miedo de que me fuera a ganar la ansiedad abajo y me diera por salir disparada a la superficie. Como sea, miedo y todo, me avente de espaldas. Una vez en el agua Alejandro me explicó el plan… íbamos a ir sumergiéndonos, sujetados de una soga, despacio y él me iba a preguntar si yo estaba bien (con señas, claro), descomprimía oídos y si todo estaba bien bajábamos un poco más.

Solo pude seguir la rutina una vez y después salí como gato que cae en el agua hasta la superficie y respire como si no fuera a respirar nunca más. Alejandro con la paciencia agotada en la mirada me preguntó que qué me pasaba y yo simplemente le dije que no podía, que tenía miedo.

Armándose -él de paciencia y yo de valor- me dijo: “Vamos a intentarlo de nuevo, me vas a ver a los ojos y vas a respirar con calma.” En verdad no me dejo mucha opción a nada más. Que aunque sé que si en realidad hubiera querido me hubiera salido en ese momento.

Lo intenté una vez más. Poco a poco, viéndolo a los ojos, agradeciéndole a Dios por la paciencia de éste hombre. Y así, sin más, empezamos a descender lentamente. Cerciorándose él de que yo estuviera bien cada minuto.

No voy a decir que el miedo se me quito de inmediato. No soltaba con una mano el visor y con la otra el oxígeno. En el trabajo que estoy haciendo de Paul Ferrini se invita a ESTAR con el miedo, no a evitarlo, no a negarlo, no a ver el lado “positivo.” Entonces una vez más practiqué simplemente ESTAR con éste miedo y respirar haciendo conciencia en mi corazón, en ese lugar donde yo sé que todo ESTÁ BIEN.

Poco a poco fui relajándome al centrarme en mi respiración y al empezar a disfrutar la belleza del mundo submarino. Está por demás decir que la buceada valió la pena todos mis miedos. Sería un poco fantasioso querer describir con palabras lo que viví abajo del agua, pero intentaré describir mi primera experiencia de buceo.

Bucear fue para mí como una meditación en movimiento. Al estar debajo del agua el ritmo cambia, se vuelve más lento, más suave. Visualmente se despliega ante tus ojos un espectáculo natural increíble, pero así, lentamente, a su ritmo… como si te diera el tiempo de ir digiriendo imagen por imagen.

Los movimientos propios también se suavizan, se vuelven más armoniosos y pausados. Auditivamente ¡pasa algo maravilloso! Lo único que escuchas es el ritmo de tu respiración. De alguna manera es como un ejercicio de “mindfulness” en el que estas consciente de cada respiro, de cada movimiento, de cada imagen. Buceando se está en el aquí y en el ahora. Simplemente ¡es una experiencia inolvidable!

Y así, al estar disfrutando cada segundo de pronto era tiempo de regresar. Perdí noción del tiempo pero después supe que duré 42 minutos bajo el agua. ¡42 maravillosos e inolvidables minutos! Agradezco infinitamente a Alejandro que me llevo un poco más allá de lo que yo quería y a Miguel, mi querido hermano, que gracias a su invitación, motivación y compañía, la buceada regreso a mi lista.

También agradezco el aprendizaje. ¿Qué tal si estos miedos opcionales- a los que uno puede renunciar- son la oportunidad que nos da la vida de practicar como atravesar nuestros miedos? Al permanecer con mi miedo en plena consciencia de su existencia me fue posible atravesarlo y superarlo. Espero que esta práctica, misma que yo decidí realizar me sirva cuando en la vida se me presente un miedo real e inevitable. ¡Gracias por leerme!

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Orchids and the Big Question

This morning I decided to start my blog. This was not a new idea, it had probably been roaming on my head for the last three years. Finally, when I went down the stairs this morning and came face to face with a big beautiful white orchid I knew it was time to start a blog. This flower was no surprise at all, I had been waiting for it for more than a month since the first time I saw the tiny green stem sprout.

When I saw the orchid flower it immediately brought to my memory one of my favorite children’s’ book “The Big Question” by Wolf Erlbruch, where different characters from a soldier to a duck answer life’s big question “What am I doing here in this planet?” I remembered that in the book a gardener also gives his answer to the question. I never thought much about it: “To learn how to be patient” the gardener says with simplicity.

 

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Since I moved to El Paso, TX, two years ago, I have been buying blooming orchids because I love their presence in my house. Even though I had the experience of a plant blooming again in the same stem this is the first time that I witness the whole process since the birth of the stem itself. This is the first blooming event that I consider to be MINE. Ridiculous thought since I did nothing but to find the right light and water the plant. The rest is the miracle of life, the miracle of a plant… the miracle of an orchid!

This orchid has taught me way more than what it thinks. The excitement of spotting the sprout for the first time. Knowing its meaning and knowing that it will take a long time to finally see the flowers. Trust in a master plan that even though I cannot see it in this moment it is still taking place. Understanding- like the gardener said- that one must be patient.

Patience, so important and necessary in our lives! I had understood patience like being able to wait for something to happen. To be able to tolerate what triggers us about others… but this orchid taught me that it is something else. To be patient- like the gardener- is to enjoy every step of the way. It is the joy of seeing the first sprout and the joy of seeing how each day it grows a little. It is the excitement of witnessing the first bud grow on the stem and then another one and another one. And yes, it is also the happiness of witnessing the first flower bloom. Being present each step, watching satisfied how the cycle ends, flowers wither and fall, knowing that the plant regenerates and that this ending leads to new beginnings.

At this point I ask myself: “What would happen if I could see each person as an orchid?” I would be positive that even if sometimes all I can witness is some green leaves, around the corner is waiting the colorful perfection of the flower. If I were to see orchids in full bloom I would acknowledge that it took them time to get to that point. I would know, for sure, that there is not a wasted minute in anyone’s life that is not bringing them closer to fulfilling their master plan.

I recognize myself as one and I can see how each choice I made led me to the person I am. I can also see how the sum of all my decisions will make me bloom once or many times during my life. This lesson the orchid has given me is teaching me to be patient with myself. Knowing everything has its own time and rhythm. So if it took me three years to start a blog… I am not regretting not doing it before but I am happy of doing it now.

Those who know me know that I am a wife, mother, friend, daughter, sister… professionally a special education teacher, Montessori Guide, I have studied the Non Violent Communication method by Marshall Rosenberg and lately the Healing your Life work by Paul Ferrini.

If this blog is to have any order, it is that it will have none. It took me so long to plan if I was only to speak of certain topics and not others, if I was to write weekly or monthly. Finally I decided that this will be a spontaneous sharing of my life in my different roles. I will share about something that happened in my day, a book, a movie… I will share whatever touched my heart.

I cannot finish this first entry without thanking four friends who have been supporting me on this process. Gina Dewar has been an inspiration by blogging weekly for more than three years now. Rocio Robles Serrano has always been telling me to move on and write. Ana Cristina Enriquez has patiently told me all the things that you can do through a blog and hopefully will continue to guide me in this matter. Liliana Martinez my unconditional friend from so many years is always backing me up in whatever I do.

And to YOU that for some reason are reading me… THANK YOU!!!!

 

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Las Orquídeas y la Gran Pregunta

Esta mañana decidí iniciar mi blog. No es una idea nueva, lleva tal vez unos tres años paseándose por mi mente. Finalmente, hoy cuando baje las escaleras de mi casa y me encontré frente a frente con mi orquídea florecida, supe que era el día para empezar el blog. La flor en la orquídea no fue por supuesto una sorpresa, llevaba más de un mes esperando este momento desde que divise por primera vez la tímida varita que surgía de entre sus hojas.

Al ver la flor, no pude más que pensar en uno de mis libros infantiles favoritos “La Gran Pregunta” de Wolf Erlbruch, donde diferentes personajes desde un soldado hasta un pato responden a la Gran Pregunta de ¿Para qué estás aquí en la tierra? Y recordé como en el libro viene también la respuesta del jardinero, que hasta el día de hoy no me había detenido mucho a pensar en ella. Con toda sencillez, el jardinero dice: “Para aprender a tener paciencia.”

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Desde que llegue a vivir a El Paso, TX, hace dos años, empecé a comprar orquídeas florecidas simplemente porque me encanta la presencia de estas flores en mi casa. Y aunque había logrado que alguna de las plantas floreciera de nuevo en la misma varita, esta es la primera vez que soy testigo de todo el proceso desde que empieza el brote de la vara que sostendrá las flores. Es en si el primer florecimiento que siento como mío. Absurdo sentimiento, tal vez, puesto que mi única parte en ello ha sido el de buscar la luz adecuada y no regar de más o de menos la planta. Todo lo demás es en si el milagro de la vida, el milagro de una planta, el milagro de una orquídea.

Esta orquídea me ha enseñado más de lo que se imagina. La emoción al divisar el brote por primera vez. Saber lo que ese brote significa y saber que habrá que pasar mucho tiempo para poder presenciar las flores. Confiar en que hay un plan maestro que aunque no lo podamos contemplar de momento, de igual forma se está llevando a cabo. Entender como dice el jardinero que hay que aprender a tener paciencia.

La paciencia, tan importante y necesaria en nuestras vidas, yo la había entendido como un poder soportar el tener que esperar a que algo suceda. El poder aguantar, tal vez, los comportamientos que nos molestan de los demás… pero esta orquídea me ha enseñado que es algo completamente diferente. Ser paciente, como lo es el jardinero, es disfrutar cada momento del trayecto. Es la felicidad de ver el primer brote y la felicidad de ver cómo crece cada día. Es la emoción de ver como de esa varita surge un botón y luego otro y otro. Y sí, claro, es también disfrutar cuando se abre la primera flor. Contemplar complacida como se cierra un ciclo, como las flores se marchitan y caen, sabiendo que la planta se regenera y que ese final dará paso a nuevos comienzos.

Y entonces yo me pregunto ¿Qué pasaría si pudiera ver a todas las personas como si fueran orquídeas? Tendría la certeza infinita de que aun cuando a veces solo pueda ver unas cuantas hojas verdes existe en su futuro la perfección y el maravilloso colorido de la flor. Me asombraría ante las que están plenamente florecidas reconociendo que su florecer llevo todo un proceso y no se gestó en un momento. Sabría sin duda, que no hay un minuto desperdiciado en la vida de cada quien que no lo lleve a cumplir con su plan Maestro, con su plan Divino.

Me reconozco yo también como tal y veo como cada una de mis decisiones me ha llevado a ser quien soy y como la suma de todas ellas dará como resultado que florezca una o varias veces dentro de mi vida. Esta lección de la orquídea me ayuda también a ser paciente conmigo misma y a darme cuenta de que cada cosa sucede en su momento. Así, si me tomo tres años iniciar este blog, hoy no me arrepiento por no haberlo hecho antes sino estoy feliz de hacerlo ahora.

Los que me conocen saben que soy esposa, mamá, amiga, hija, hermana… profesionalmente educadora, Guía Montessori, que he trabajado en el área de la Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg y ahora recientemente en el trabajo de Sanar tu Vida de Paul Ferrini.

Si este blog ha de tener algún orden, será precisamente que no tendrá ninguno. Mucho me tarde en iniciar planeando si lo haría sobre un tema o sobre otro, si publicaría cada semana o quincenalmente. Finalmente he decidido que será simplemente un compartir espontaneo de mi camino por esta vida. En veces compartiré lo que voy viviendo desde cada uno de mis diferentes roles personales o profesionales, sobre algún libro o película, compartiré en pocas palabras sobre situaciones que hayan tocado mi corazón.

No puedo terminar esta primer entrada de mi blog sin agradecer a cuatro amigas que desde hace tres años me han animado para que lo haga: A Gina Dewar que ha sido mi inspiración porque lleva ya más de tres años publicando su blog semanalmente, a Rocio Robles Serrano que siempre me ha motivado con sus comentarios a que escriba, a Ana Cristina Enríquez que más de una vez con toda paciencia me ha platicado de todo lo que se puede hacer a través de un blog y a Liliana Martínez que tiene años de ser mi amiga incondicional, apoyando cualquier cosa que emprenda… y a ti que por algún motivo hoy me estás leyendo… ¡GRACIAS!

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